El Pando, Caucasia

AA

Segunda parte de la experiencia en la residencia adelantada por María Antonia Pérez y Ana Lucía Cárdenas como parte del proyecto Contraexpediciones.

Llegamos a Caucasia una mañana lluviosa en la que el pueblo tardó en despertar. Hacía casi cinco meses que no caía una gota y a los lugareños les da dificultad despertar. Nos encontramos para desayunar con nuestro guía. Cuando éste entra al local recuerdo, por primera vez en todo este tiempo desde que vinimos por primera vez, lo bonitos que son los senús. Es muy difícil encontrar a alguien feo.

El recorrido hasta El Pando se debe hacer en moto y debe durar una hora. Pero con la lluvia, la tierra roja que compone este suelo se ha vuelto un barro que no deja rodar bien las llantas y nos tardamos casi una hora más en llegar, después de tener que caminar varios tramos y avistar un camión de varias toneladas atascado en una cuneta.

Volvemos al pueblo recordando nuestro viaje pasado. No han cambiado mucho las cosas excepto porque hay un poco más de casas, un nuevo edificio para la escuela y tal vez una sensación de más movimiento, pero puede ser porque esta vez las lluvias recientes han dejado mucho más fresco el ambiente. También pudimos ver que ha desaparecido el uso de la “z” en el nombre de la etnia. Dicen ellos que porque esta letra está asociada a los españoles y que realmente el sonido de la palabra se asemeja más a una “s”.

Los senús de El Pando, como todos los del Bajo Cauca, han tardado poco en reconocerse nuevamente como comunidad indígena y se destacan por su organización política y comunitaria, y su dignidad los hace presa difícil para los políticos que andan en campaña por estos días. Mensajeros de senadores de los partidos más fuertes de la región se han sentado con los líderes del pueblo sin obtener ninguna promesa de voto, a cambio de sus promesas de mejorar las condiciones de vida de la comunidad tras unas elecciones ganadas.

El cacique mayor y la cacica local nos “desatrasan” de los sucesos importantes de los últimos años y nos cuentan un poco más sobre las herramientas de participación de la comunidad. Jonatan nos muestra la huerta que están haciendo en las nuevas tierras adquiridas junto al futuro puesto de salud y Casa de la Justicia, que en el caso de los senús funciona como una casa comunitaria.

Algo que esta vez notamos con mayor facilidad es que la comunidad Senú conserva su capacidad de solidaridad. Este es un lugar donde es real que “un favor no se le niega a nadie”, que no es que sea completamente distinta a nuestras costumbres occidentales, sino que funciona en un radio mayor de acción: para los senús, el círculo de amigos y el de la familia es mucho más amplio que para el de nosotros, y eso hace que sea una sociedad que a pesar de sus precariedades económicas generalizadas, no admita mendigos, por ejemplo, o alguien sin un techo bajo el cual dormir.

Para los senús es muy difícil concebir el paisaje como algo puramente estético; las nociones de belleza no pueden separarse de las nociones de utilidad.

Quedamos en volver al otro día para hacer una mazamorra dulce y hablar un poco con todos los que quisieran de eso que llamamos paisaje.

Al siguiente día no llueve, así que llegamos temprano, esperamos a que la comunidad se reúna y a lo que vinimos. Cogimos al tal paisaje y lo pintamos, lo conversamos, lo discutimos, le dimos vueltas hasta que no quedó, por ahora, más que decir.

Para los senús es muy difícil concebir el paisaje como algo puramente estético; las nociones de belleza no pueden separarse de las nociones de utilidad. Paisaje es todo lo que vemos, pero si hay un paisaje que valga la pena guardar en la memoria, si hay que escoger el paisaje favorito, hay que hablar de para qué sirve la tierra que alcanzan a ver nuestros ojos. El paisaje es valioso en la medida de que es útil. No hay nada bello en sí mismo sino por la relación que se establece con ello. Así, para los senús, no hay paisaje más bonito que un rastrojo. Porque allí está la vida, porque aunque la comida estuviera asegurada (que nunca lo está, eso lo sabemos nosotros, los de aquí, cada vez que vamos al supermercado): “¿Qué sería entonces de los pájaros y del armadillo?”

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Publicado: Marzo 26/2014
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