Del 9 de Noviembre al 16 de Abril
Horarios y Tarifas
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De la serie Relicarios # 16. Técnica Mixta ( tripolimero de caucho ). Antioquia. Colombia. 2011-2015.
AA

“Este conjunto de Relicarios contiene, a través de los objetos que allí reposan, el inmenso vacío que ocupan los que ya no están. Dentro de cada Relicario se condensan las más profundas soledades, las más lloradas ausencias, los más oscuros duelos y los más brillantes recuerdos que los vivos atesoran de los muertos”.

Erika Diettes

Erika Diettes recorrió durante varios años diversos territorios de Colombia signados por el conflicto armado y la violencia. Acompañando y dialogando con personas que perdieron seres queridos y preciosos momentos de vida; recibió los objetos y prendas que le fueron confiados; emprendió un largo y delicado proceso de embalsamar, amortajar y hacerle un nicho a cada prenda como el lugar de cada cuerpo. Convertidos, sin lugar a dudas, en Relicarios, vestigios sagrados que los dolientes han venerado como objetos de culto. Su obra, como quizás ninguna, remite al arte como lugar de exhumaciones y entierros, pero también al arte como lugar de encuentro, de ritos luctuosos, como memorial de vida y pérdida, de amor y dolor.

Relicarios es mucho más que un proyecto artístico. Es una obra en duelo. Una paciente y sostenida acción que desde los espacios y las estrategias del arte ha devenido un ritual que dignifique el dolor de las muchas familias que lloran la pérdida violenta de sus seres queridos, sin que nunca llegue la justicia.

Es conocida la arcaica y potente relación entre tumba y corazón, entre enlutado y amante. Se ha dicho que el corazón es la casa del espectro de aquellos a quienes hemos amado, y que por ello la tumba es el corazón vivo donde habitan las sombras de los que hemos perdido. Los Relicarios que aquí se exponen reúnen como en un camposanto, la sacralidad de la vida a través de sus vestigios. Tienen ineluctablemente una poderosa carga aurática; no solo por la condición única de cada resto de experiencia y vida que en ellos se consagra, sino porque ante ellos y entre ellos emerge la communitas más arcaica, más singular de nuestra condición humana, la que nos permite estar religados con los muertos, con los afectos, las experiencias y pedazos de tiempos que constituyen nuestra vida.

Por: Ileana Diéguez, curadora

Sala temporal Norte. 

Del 9 de noviembre del 2016 al 16 de abril del 2017.

Esta exposición es realizada con el apoyo de Comfama y el Centro Nacional de Memoria Histórica.

 

Así fue el montaje de la exposición

 

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For several years Erika Diettes has traveled through a variety of areas around Colombia that are signaled by armed conflict and violence. She has been accompanying and discussing with people who lost their loved ones, and lost priceless moments of life, receiving objects and clothing items that were entrusted to her. She has embarked on a long and delicate process to embalm, shroud and create a niche for each of the items, as you would for each of the bodies. Undoubtedly, they are Reliquaries: sacred remains that the mourners have worshipped as cult objects. Her work, perhaps like no other, refers us toward art as a gathering place, a place of funereal rites, as a testimonial of life and loss, of pain and love.

“Reliquaries” is much more than an artistic project. It is a work of mourning, but above all, a work IN MOURNING. It is a patient and sustained action that comes from the artistic spaces and strategies and that has become a ritual that would dignify the pain of many families that weep over the violent loss of their loved ones, while justice never arrives.

The strong and archaic relationship between the grave and the heart, and the mourner and the loved one is well known. It has been said that the heart is the home of the specter of those we have loved, and that is the reason why the grave is the beating heart where the shadows of those we have lost dwell. The Reliquaries exhibited here gather – as in a graveyard – the sacrality of life through its remains. Indisputably, they possess a powerful auratic charge, not only due to the unique circumstance of each of the remains of experience and life that is consecrated in them, but also because between them and before them the most archaic communitas surges, the most peculiar of our human condition, which allows us to be very tightly bound with the deceased, with our affections, the experiences and pieces of time that constitute our lives.

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