Resguardo Embera Chamí y Senú Las Palmas, Apartadó

Fragmentos pinturas realizadas por los niños y niñas Embera Chamí y Zenú del Resguardo Las Palmas de Apartadó
AA

En el marco de Contraexpediciones, Paola Rincón desarrolló su residencia en el Resguardo Embera Chamí y Senú Las Palmas, en el municipio de Apartadó, donde estuvo trabajando durante una semana y se coordinó el trabajo con la familia del médico tradicional Abelardo Niaza y su esposa Ninfa que es líder en cultura. La propuesta de ellos fue trabajar con diferentes grupos de la comunidad, comenzando con los niños y los profesores.

Fragmentos de pinturas realizadas por los niños y niñas Embera Chamí y Senú del Resguardo Las Palmas, Apartadó

 

Mordí la manzana y me tuve que ir del paraíso

Viajé a Arquía, Chocó, para realizar mi residencia artística. Allí vive la comunidad Maggilagandiwala del pueblo Dule, un lugar donde la huella que dejó la conquista fue indeleble y al pasar de los años Antioquia la ha ido ahondando en cumplimiento de su legado colonizador.

El camino más usual para llegar allí es por el Río Atrato, después de atravesar el Golfo de Urabá desde Turbo. Llevaba una carta de presentación del Museo de Antioquia y la recomendación de dos líderes del Pueblo Dule los cuales manifestaron su deseo de que trabajara con los niños de la comunidad y que se pudiera visibilizar  que el camino ancestral que los comunica con las comunidades Dule de Paya y Pucuro, ya en jurisdicción de Panamá, está sembrado de minas antipersona. Hasta allí llegue sola. Unos días más tarde llegaba mi compañero de trabajo para realizar un registro visual de mi contraexpedición, Fue esta la manzana que mordí, lo que alertó a la comunidad para analizar si permitían o no mi trabajo en su territorio. Pude estar 4 días en este bello lugar, una isla en tierra firme, rodeada de un mar de terratenientes y de caminos del narcotráfico, enmarcado en un profundo, oscuro y tenebroso océano de minas antipersona. Pero este pueblo vive en resistencia, en el amor por su tradiciones.

Cuando llegué me recibió el director de la escuela, un profesor convencido del valor cultural de su pueblo como riqueza del universo. Él me presentó con el saila, o cacique de la comunidad, quien con sus secretarios escucharon el motivo de mi visita, me hicieron algunas preguntas y, por último, me dijeron que el tema iba para la asamblea, que mientras esperaba la respuesta no podía entrevistar a nadie, y si me veían tomando fotos, los equipos serían decomisados. Llegó el día en que me llamaron y en presencia de la asamblea me informaron que no querían que los investigaran más, que no querían más registros visuales, que en ocasiones anteriores se han sentido estafados, que los videos, fotos y ganancias ocasionadas por éstos no han llegado a ellos. Me fui al día siguiente, pero en este tiempo de espera pude presenciar algunas de las situaciones que vive este pueblo, el cual a pesar de sus grandes problemas externos se le suman algunas pequeñas conquistas que otras expresiones humanas de otras latitudes han logrado hacer con sus jóvenes, sobre todo a los del sexo masculino, los cuales están imbuidos en el fútbol y la refrescante sensación de terminar un partido tomándose una gaseosa. Lo que de alguna manera los vuelve frívolos y no los deja concentrase en una resistencia más consiente para enfrentar las grandes conquistas a sus territorios que están por venir. Con el profesor pude compartir “El desmantelamiento de la doctrina de descubrimiento” para lo cual llevaba unos documentos e informarles de situaciones que ya se creen resueltas.

Fragmentos de pinturas realizadas por los niños y niñas Embera Chamí y Senú del Resguardo Las Palmas, Apartadó

 

Cuando regresé a Turbo, no quería devolverme a Medellín sin realizar de una manera más amplia mi contraexpedición, así que ya sin carta del Museo, sin recomendación de líderes y con el antecedente de expulsión de El Paraíso me fui para el resguardo Embera Chami y Senú de Las Palmas, Apartadó. Me presenté ante el jaibaná y líder de la comunidad quien me dio permiso de quedarme y realizar mi trabajo pero sin fotos ni video. Ellos quitaron el mordisco de la manzana y permitieron realizar la esencia del trabajo. Pero claro, era que ya no estaba en El Paraíso, ahora estaba en otra isla pero no paradisíaca como la anterior. Está  rodeada de un océano de terratenientes de plantaciones de banano y de la alienada juventud de Apartadó, educada por el reggaetón, en el océano profundo,  oscuro  y tenebroso de todos los grupos armados al margen de “la ley de origen”; viven en su interior situaciones más alarmantes que el mismo exterior.

Esta comunidad, que ya ha sufrido tres desplazamientos forzados, comparte ahora su resguardo con una comunidad Senú también desplazada. Me recibieron para que compartiera con sus niños un poco de arte. Las profesoras me contaron que los niños y niñas no pintaban desde que se suicidó un niño de la escuela  y así como esta historia fueron todas las que comencé a escuchar de cada una de las personas con las que me cruzaba yendo hacia el río, al cual va toda la comunidad a bañarse y a lavar la ropa, Ahora algunos de ellos están tirando allí la basura o están usándolo de sanitario, lo cual genera conflictos a todo nivel y a esto se le suma el crudo verano que azota la zona, pues los riachuelos de donde toman el agua para cocinar y beber, se secaron y están recogiendo el agua del río para cocinar, contaminada por ellos mismos. Todos comentan: “Mañana sí viene el carro de bomberos a proveer a la comunidad de agua potable”. Estuve cinco días y nunca llegó. El gobernador, que lleva a penas tres meses quiere renunciar; no aguanta los conflictos personales entre vecinos, no puede resolver nada, le responden con amenazas. El gobernador anterior tuvo que renunciar pues el gobierno estatal lo puso como carne de cañón, al construirle con mano obrera militar a su comunidad, una escuela sin agua y un centro de salud sin agua. Del otro bando le recordaron que incumplió la legislación indígena donde se declaran como población neutra en el conflicto y recibió su “merecida” amenaza de muerte.

Ahora a la comunidad no la despierta el canto de los pájaros sino el zumbido de las avionetas que desde el amanecer pasan fumigando las plantaciones de banano, y de esta manera se ambienta el aire de este resguardo. Por otro lado la comunidad está sufriendo con la presencia de jais (espíritus), los cuales los poseen y enloquecen por temporadas o turnos a algunos miembros de la población, y como si fuera poco ahora sus jóvenes son todos bachilleres (de colegios del estado), lo que ha llenado la comunidad de una población ignorante de sí misma y además arribista, generando olvido de la tierra, engrosando así las listas de desempleo. Sus tierras, de títulos colectivos, no se pueden vender; sin embargo algunos lo han hecho y el dinero que han recibido se ha chorreado como el agua que no tienen y así son cada una de las historias de esta comunidad, en vías de la pérdida de su lengua original y que ahora luce como traje tradicional los uniformes de los equipos de fútbol: el preferido y más usado es el que lleva la selección Colombia dando una imagen de un ferviente patriotismo. Hacen la diferencia algunos que recibieron de regalo camisetas de publicidad política con motivo de la reciente campaña electoral y en medio de todo esto los niños siguen teniendo un hermoso imaginario del territorio, un enorme deseo de que llueva el cual se ve en casi todas sus pinturas con gotas de agua que salen de sus nubes. Los pinceles los lavábamos en agua color “gris cloaca”, que inevitablemente recordaba la miseria humana que vive un pueblo encostalado dentro del territorio de Antioquia, “La más educada”.

Les comparto fragmentos de las pinturas realizadas por los niños y niñas Embera Chamí y Senú del Resguardo Las Palmas de Apartadó.

Compartir
Publicado: Marzo 17/2014
Todo Noticias Eventos El Citófono Simposios Exposiciones El Museo
Año Mes